Problemas al cambiar la tonalidad de nuestra música

El problema de transportar nuestra música (una obra, una canción…) va más allá de los típicos problemas de rangos vocales o tonales. Con frecuencia, lo que más nos preocupa como músicos o productores son pensamientos del tipo «el cantante no llega a notas tan agudas», «la cantante no puede bajar tanto», «el rango vocal parece que no es el apropiado para mi cantante».

Sin embargo, el problema va más allá. ¿por qué no percibimos la misma sensacion en una obra en Do mayor que al transportarla a Re mayor? ¿o a Do# mayor? El origen del problema está en la escala temperada.

Cuando en el siglo XVII los modos mayor y menor desplazaron a los modos eclesiásticos, fundamentados en las escalas clásicas griegas, apareció el problema de las comas pitagóricas.

La escala cromática de semitonos posee siete octavas con 12 quintas justas, llamadas así porque son iguales. Pero si hacemos cálculos veremos que 12 quintas justas son mayores que siete octavas.

7 octavas son 27 , o sea 128

Calculemos las quintas. Una quinta justa hemos visto que corresponde a una relación de 3:2. 12 quintas serán (3:2)12 o sea 1.512. El resultado es 129.746

La diferencia asciende a 129.746/128, aproximadamente 74/73. Más o menos la cuarta parte de un semitono, la famosa coma pitagórica.

El moderno sistema tonal requiere que todos los semitonos sean iguales, para facilitar la escritura musical y simplificar los teclados. Werckmeister entre 1686 y 1687 introdujo la afinación temperada. Elimina las comas de los sistemas anteriores, al dividir matemáticamente a la octava en 12 partes iguales. Para ello renuncia a la justeza de las quintas. En este sistema doce quintas justas exceden a 7 octavas.

En la música occidental, por conveniencia, dividimos teóricamente una octava en doce semitonos «iguales». Sin embargo, las escalas que utilizamos en realidad no están construidas con intervalos iguales. Por ejemplo, en Do mayor, el semitono entre E y F no tiene el mismo tamaño que el que está entre G y G #, aunque es extremadamente cercano.

Otro ejemplo es el tercera de blues, que se da entre una tercera menor y una mayor: los guitarristas tocan esto a menudo haciendo bending; Ésta es la razón por la cual los instrumentos como el violín no tienen trastes: un violinista realiza microajustes según la tonalidad en la que interprete; no ponen el dedo exactamente en el mismo lugar para tocar el Mi en la menor que para tocar la (ostensiblemente idéntica) Mi en Do# menor.

Los pianos están «diseñados» para tocar en Do mayor y, por lo general, están afinados para sonar en Do mayor perfectamente, con un mínimo de disonancia entre semitonos no idénticos. Si tocamos un acorde que contiene muchas notas negras en un piano, obtendremos más disonancias, aunque muy sutiles, y generalmente no somos conscientes de ellas como tales. Las guitarras están diseñadas para tocar en Mi o La, y la mayoría de los otros instrumentos musicales también tienen tonalidades que podríamos llamar «óptimas». Entonces, la relación entre la tonalidad óptima del instrumento y la tonalidad en la que se toca realmente decide cuánta disonancia hay en la música que percibimos. Subconscientemente, captamos esa disonancia, y esto le da a diferentes tonalidades diferentes «sensaciones».

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